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segunda-feira, 30 de abril de 2012
domingo, 22 de abril de 2012
Enquanto navegava no Facebook agora a pouco, pra tentar sem sucesso amenizar minha ansiedade diante da semana que terei, vi que hoje seria aniversário de um amigo querido que morreu há quase dois anos, Alexandre. Logo em seguida vi uma sugestão de amizade, de um rapaz conhecido que também morreu tragicamente meses atrás, que era bem próximo de amigos meus. Além da melancolia previsível ao olhar pros rostos dessas pessoas que se foram, fico tentando entender o que seriam esses perfis, como se estabelecem no nosso espaço. memoriais de pixels, sepulcros em RGB..sem coragem de clicar, não me atrevo a entrar em seu perfil, tenho medo, tenho tristeza por não conseguir entender os mistérios da vida e da morte. De mim, eu sei como estou, como fiquei, como continuei os dias sem meu amigo Alexandre ( e outros que se foram), mas ao ver seu rostinho ali, é inevitável não perguntar como ele está hoje. Sinto saudades dele. sinto uma certa raiva por não ter feito tantas coisas com ele. sinto curiosidade em saber como ele está, o que ele virou, o que sua voz, sua risada se transformaram. se sua consciência ainda existe em alguma outra forma de matéria, plano ou dimensão. se ele voltou ou voltará nesse mundo como um passarinho, uma plantinha, um outro bebê. se todas as crenças e formas de espiritualidade são incapazes de definir o caminho que ele traçou. queria saber se ele ainda lembra da gente, seus amigos. se ele se importa com a gente, se ele sente saudade da gente. Queria não querer saber demais. Queria dizer tantas coisas à eles. Queria vê-los. Queria acreditar em tantas coisas agora.
Coincidentemente na mesma noite que fico perturbado com essas questões e ansiedades, me deparo com um conto argentino de Enrique Anderson Imbert, que li para minha prova de literatura espanhola amanhã; não preciso dizer muita coisa sobre o impacto que o mesmo me causou, enquanto pensava nas pessoas que morreram e nas que ainda vão morrer. inclusive eu. Não penso na morte como tragédia, castigo, catástrofe e somente dor. é preciso enxergar além da pura dor. não encontrei nenhuma resposta confortável no conto de Enrique Anderson para minhas questões existenciais, mas sim me incomodar ao ponto de refletir, buscar e tentar redescobrir o conjunto de práticas, sentimentos e idéias pessoais chamada vida. um novo olhar, um eterno questionamento. acredito que isso é positivo. acredito que abre os olhos e mudanças acontecem nesse processo mágico que a arte induz. compartilho com vocês, El Fantasma.
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El fantasma
[Cuento. Texto completo]
[Cuento. Texto completo]
Enrique Anderson Imbert
Se dio cuenta de que acababa de morirse cuando vio que su propio cuerpo, como si no fuera el suyo sino el de un doble, se desplomaba sobre la silla y la arrastraba en la caída. Cadáver y silla quedaron tendidos sobre la alfombra, en medio de la habitación.
¿Con que eso era la muerte?
¡Qué desengaño! Había querido averiguar cómo era el tránsito al otro mundo ¡y resultaba que no había ningún otro mundo! La misma opacidad de los muros, la misma distancia entre mueble y mueble, el mismo repicar de la lluvia sobre el techo... Y sobre todo ¡qué inmutables, qué indiferentes a su muerte los objetos que él siempre había creído amigos!: la lámpara encendida, el sombrero en la percha... Todo, todo estaba igual. Sólo la silla volteada y su propio cadáver, cara al cielo raso.
Se inclinó y se miró en su cadáver como antes solía mirarse en el espejo. ¡Qué avejentado! ¡Y esas envolturas de carne gastada! - Si yo pudiera alzarle los párpados quizá la luz azul de mis ojos ennobleciera otra vez el cuerpo - pensó.
Porque así, sin la mirada, esos mofletes y arrugas, las curvas velludas de la nariz y los dos dientes amarillos, mordiéndose el labio exangüe estaban revelándole su aborrecida condición de mamífero.
-Ahora que sé que del otro lado no hay ángeles ni abismos me vuelvo a mi humilde morada.
Y con buen humor se aproximó a su cadáver -jaula vacía- y fue a entrar para animarlo otra vez.
¡Tan fácil que hubiera sido! Pero no pudo. No pudo porque en ese mismo instante se abrió la puerta y se entrometió su mujer, alarmada por el ruido de silla y cuerpo caídos.
-¡No entres! -gritó él, pero sin voz.
Era tarde. La mujer se arrojó sobre su marido y al sentirlo exánime lloró y lloró.
-¡Cállate! ¡Lo has echado todo a perder! - gritaba él, pero sin voz.
¡Qué mala suerte! ¿Por qué no se le habría ocurrido encerrarse con llave durante la experiencia. Ahora, con testigo, ya no podía resucitar; estaba muerto, definitivamente muerto. ¡Qué mala suerte!
Acechó a su mujer, casi desvanecida sobre su cadáver; y su propio cadáver, con la nariz como una proa entre las ondas de pelo de su mujer. Sus tres niñas irrumpieron a la carrera como si se disputaran un dulce, frenaron de golpe, poco a poco se acercaron y al rato todas lloraban, unas sobre otras. También él lloraba viéndose allí en el suelo, porque comprendió que estar muerto es como estar vivo, pero solo, muy solo.
Salió de la habitación, triste.
¿Adónde iría?
Ya no tuvo esperanzas de una vida sobrenatural. No, no había ningún misterio.
Y empezó a descender, escalón por escalón, con gran pesadumbre.
Se paró en el rellano. Acababa de advertir que, muerto y todo, había seguido creyendo que se movía como si tuviera piernas y brazos. ¡Eligió como perspectiva la altura donde antes llevaba sus ojos físicos! Puro hábito. Quiso probar entonces las nuevas ventajas y se echó a volar por las curvas del aire. Lo único que no pudo hacer fue traspasar los cuerpos sólidos, tan opacos, las insobornables como siempre. Chocaba contra ellos. No es que le doliera; simplemente no podía atravesarlos. Puertas, ventanas, pasadizos, todos los canales que abre el hombre a su actividad, seguían imponiendo direcciones a sus revoloteos. Pudo colarse por el ojo de una cerradura, pero a duras penas. Él, muerto, no era una especie de virus filtrable para el que siempre hay pasos; sólo podía penetrar por las hendijas que los hombres descubren a simple vista. ¿Tendría ahora el tamaño de una pupila de ojo? Sin embargo, se sentía como cuando vivo, invisible, sí, pero no incorpóreo. No quiso volar más, y bajó a retomar sobre el suelo su estatura de hombre.
Conservaba la memoria de su cuerpo ausente, de las posturas que antes había adoptado en cada caso, de las distancias precisas donde estarían su piel, su pelo, sus miembros. Evocaba así a su alrededor su propia figura; y se insertó donde antes había tenido las pupilas.
Esa noche veló al lado de su cadáver, junto a su mujer. Se acercó también a sus amigos y oyó sus conversaciones. Lo vio todo. Hasta el último instante, cuando los terrones del camposanto sonaron lúgubres sobre el cajón y lo cubrieron.
Él había sido toda su vida un hombre doméstico. De su oficina a su casa, de casa a su oficina. Y nada, fuera de su mujer y sus hijas. No tuvo, pues, tentaciones de viajar al estómago de la ballena o de recorrer el gran hormiguero. Prefirió hacer como que se sentaba en el viejo sillón y gozar de la paz de los suyos.
Pronto se resignó a no poder comunicarles ningún signo de su presencia. Le bastaba con que su mujer alzara los ojos y mirase su retrato en lo alto de la pared.
A veces se lamentó de no encontrarse en sus paseos con otro muerto siquiera para cambiar impresiones. Pero no se aburría. Acompañaba a su mujer a todas partes e iba al cine con las niñas. En el invierno su mujer cayó enferma, y él deseó que se muriera. Tenía la esperanza de que, al morir, el alma de ella vendría a hacerle compañía. Y se murió su mujer, pero su alma fue tan invisible para él como para las huérfanas.
Quedó otra vez solo, más solo aún, puesto que ya no pudo ver a su mujer. Se consoló con el presentimiento de que el alma de ella estaba a su lado, contemplando también a las hijas comunes. ¿Se daría cuenta su mujer de que él estaba allí? Sí... ¡claro!... qué duda había. ¡Era tan natural!
Hasta que un día tuvo, por primera vez desde que estaba muerto, esa sensación de más allá, de misterio, que tantas veces lo había sobrecogido cuando vivo; ¿y si toda la casa estuviera poblada de sombras de lejanos parientes, de amigos olvidados, de fisgones, que divertían su eternidad espiando las huérfanas?
Se estremeció de disgusto, como si hubiera metido la mano en una cueva de gusanos. ¡Almas, almas, centenares de almas extrañas deslizándose unas encimas de otras, ciegas entre sí pero con sus maliciosos ojos abiertos al aire que respiraban sus hijas!
Nunca pudo recobrarse de esa sospecha, aunque con el tiempo consiguió despreocuparse: ¡qué iba a hacer! Su cuñada había recogido a las huérfanas. Allí se sintió otra vez en su hogar. Y pasaron los años. Y vio morir, solteras, una tras otra, a sus tres hijas. Se apagó así, para siempre, ese fuego de la carne que en otras familias más abundantes va extendiéndose como un incendio en el campo.
Pero él sabía que en lo invisible de la muerte su familia seguía triunfando, que todos, por el gusto de adivinarse juntos, habitaban la misma casa, prendidos a su cuñada como náufragos al último leño.
También murió su cuñada.
Se acercó al ataúd donde la velaban, miró su rostro, que todavía se ofrecía como un espejo al misterio, y sollozó, solo, solo ¡qué solo! Ya no había nadie en el mundo de los vivos que los atrajera a todos con la fuerza del cariño. Ya no había posibilidades de citarse en un punto del universo. Ya no había esperanzas. Allí, entre los cirios en llama, debían de estar las almas de su mujer y de sus hijas. Les dijo "¡Adiós!" sabiendo que no podían oírlo, salió al patio y voló noche arriba.
FIN
quinta-feira, 11 de fevereiro de 2010
sexta-feira, 22 de janeiro de 2010
ThenI saw a new heaven
And a new earth
And I heard a great voice from the throne saying
"Behold the dwelling of God is with men
He will dwell with them
And they shall be his people
And God himself will be with them
People will wipe away every tear from their eyes
And death shall be no more
Neither shall there be mourning
Nor crying
Nor pain
Anymore
For these things will have passed away
To the thirsty I will give water without price
From the fountain of the water of life
He who conquers shall have this heritage
And I will be his God and he shall be my son
But as for the cowardly, the faithless, the polluted
As for the murderers, fornicators, sorcerers, idolators
And all liars
Their lot shall be in the lake
That burns with fire and brimstone"
quinta-feira, 17 de dezembro de 2009
Diante da dor do menino sem nome,
Me recolho na perplexidade diante do fato. Que exista algum Deus que possa aliviar o quanto antes sua dor, pequeno menino. Que a amnésia caia algum dia sobre tudo isso. que você possa ficar bem, e longe desse cenário macabro, que é a sua família, se é que podemos chamar essas pessoas de família. Me pergunto agora as causas, os motivos que levaram essas pessoas a fazerem isso com você. não há dor, trauma ou passado que justifique. Esse processo de levar a dor adiante não pode ser tolerado. tenho medo do que você verá quando acordar. e me sinto fraco e deprimido por pensar que atrocidades parecidas como essa são frequentes dentro de vários lares e não chegam ao público. Você será esquecido, como a menina Isabela Nardoni, como o menino João Hélio. talvez isso não faça diferença alguma. Só queria que você esquecesse tudo agora, tudo. e que voltasse a ser apenas um menino, somente um menino como qualquer outro.
terça-feira, 24 de novembro de 2009
tudo é como o vidro
quarta-feira, 14 de outubro de 2009
terça-feira, 9 de junho de 2009
my heart

não sei a causa dessa emoção. é imensurável o porquê. Me lembro agora do personagem de Kevin Spacey ( Lester Burnham ) em Beleza Americana, um dos filmes que mais amo nessa vida. em sua viagem pela vida-morte, sobre os sentimentos desse mundo, descreve seu estado de arrebatamento diante de tanta beleza, sentimento, e vida que o cercava. a intensidade dessa comoção é tão grande, que ele sente que não poderá aguentar e que seu coração é pequeno demais para todo esse corpo imaterial e humano.
talvez seja o que alguns chamam de espírito, talvez o que alguns possam chamar de amor. talvez seja loucura.
é assim que eu e Lester nos sentimos hoje.
é assim que eu e Lester nos sentimos hoje.
Sometimes there's so much beauty in the world I feel like I can't take it, like my heart's going to cave in.
"Então lembro de relaxar... e de tentar parar de apeguar-me a isso. Então tudo flui através de mim como chuva e só posso sentir gratidão por todos os momentos da minha vida idiota. Vocês não têm ideia do que eu estou falando, mas nao se preocupem. um dia, terão"
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